Las estrechas relaciones de la ciudad de Barcelona con el libro y, en consecuencia, la importancia de la producción editorial en la cultura catalana no son nuevas. Al contrario, se remontan a mucho tiempo atrás. Aun en la literatura universal encontramos referentes de esta interdependencia. El primero y más conocido aparece en la segunda parte de la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (capítulo LXII), donde Cervantes relata cómo don Quijote y Sancho Panza, paseando por las calles de la ciudad, descubren un taller de imprenta que, ante la fascinación que les provoca, visitarán con toda atención. Dice Cervantes: "Sucedió, pues, que yendo por una calle alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: "Aquí se imprimen libros"; de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto imprenta alguna y deseaba saber cómo fuese."
